Alexis, Neymar, Messi y Cristiano: los reyezuelos corruptos del fútbol

   Manu L. Basile    07 Feb 2018


Le salió barato su crimen al astro chileno Alexis Sánchez, quien reconoció haber defraudado a la Hacienda española por un millón de euros. El “genio” Alexis ahora tendrá que pagar más de 2 millones de euros (45 millones de pesos, aproximadamente) y fue condenado a 16 meses de cárcel, misma que no pisara gracias a la “piadosa” justicia ibérica que actúa con una mentalidad eminentemente recaudatoria y que a todas luces tiene un doble rasero para con los ricos y otro con los pobres.
 
Y así, el más reciente escándalo de evasión de impuestos y presunto lavado de dinero de Alexis se suma a los de Messi, Neymar, Cristiano Ronaldo y Mascherano, entre muchos otros futbolistas. Auténticos reyezuelos corruptos del fútbol, que por iniciativa propia, o de sus manejadores, no pagan lo que por ley les corresponde a las autoridades de los países en donde se han enriquecido obscenamente... por haber sido lo suficientemente afortunados de saber patear bien un balón en la época de la mayor y más obscena desigualdad económica en la historia de la humanidad.
 
A los astros en entredicho se suman muchos otros actos de corrupción vinculado al mal llamado "juego del hombre": los casos de la FIFA y sus “bolas calientes y bolas frías” en los sorteos del Mundial; de personajes de triste memoria como Chuck Blazer y el rey de reyes de la mafia futbolística, Sepp Blatter; de personajes en entredicho en su carrera post-fútbol como Michel Platini y muchos, muchos otros.
 
¿Es cuerdo, decente o moral que un futbolista, por más bueno que sea, gane cientos de millones de euros, mientras que un niño en extrema pobreza no tiene que comer o un maestro o un médico no reciben por sus valiosas aportaciones a la sociedad ni siquiera un sueldo decente? De ninguna manera.
 
Y es este capital excesivo, criminal y destructivo, que todo lo corrompe, el que ha manchado el fútbol y el que lo tiene al borde de convertirlo en una cosa muy diferente de aquel deporte del que muchos nos enamoramos cuando pasaban el mundial entero en la TV abierta y no nos perdíamos ni siquiera los partidos entre escuadras que en ese entonces nos parecían exóticas, como lo eran países del norte de África o del este de Asia. Tal era la belleza intoxicante del fútbol que no importaban los desvelos, o las locuras, o el desconocimiento, lo único que importaba era el juego.
 
 
Si no se pone un hasta aquí a estos sueldos obscenos, a este circo mediático que endiosa mediocres y los vuelve multimillonarios y divas, el fútbol terminará siendo todo menos un deporte y terminará siendo una charada con guión y diálogos predeterminados como la WWE.
 
Esto no puede durar para siempre.