El Cubo, la figura de un fracaso en la cantera

   Axel Bárcenas / @el_rumor    26 Ene 2018


En el recuerdo queda aquel mítico tridente ofensivo de finales de los setenta, comandado por Cabinho, Muñante y Hugo Sánchez; hombres que lograron plasmar con letras de oro sus nombres en la historia del Club Universidad Nacional. Tan sólo en su estadía en el equipo auriazul (1974-1981), esa triada promedió cerca de 200 goles; cifra que rebasa por mucho a los pobres 81 ‘pepinos’ registrados por  los más recientes campeones goleadores universitarios ¡en los últimos 25 años!

Para echarle más leña al fuego, al tema de las cifras sobre los romperredes en el pedregal se suma una más devastadora. Y es que Pumas no registra un artillero mexicano en lo más alto desde 1999, cuando Jesús Olalde se consagró en el balompié nacional con 15 ‘dianas’. A mi parecer, una cifra bastante mediocre para los torneos cortos, considerando que José Saturnino Cardozo logró establecer una marca de 29 goles en una sóla campaña… pero, bajo esta comparación, supongo que el ‘guaraní’ no cuenta por no haber nacido en México.

Así anhele envolverme en la bandera, me cuesta trabajo reconocer que sigo recurriendo a nombres como: Hugo Sánchez, Luis García, Luis Flores o el mismo Jesús Olalde, para justificar la falta de goleadores en Ciudad Universitaria, y ya no sólo por la carencia de atacantes mexicanos, sino por la falta de gol; esa que me tiene ilusionado hoy, gracias a las espectaculares anotaciones de Nicolás ‘Crackstillo’: un chileno de cristal, tan incisivo al ataque como a su frecuencia por lesionarse.

Tampoco hay que ser tan duros con el tema de los mexicanos, digo, aunado al hecho de que hay muy pocos en los libros de historia del pedregal, siempre sale a luz algún extranjero. Basta con recordar al argentino Bruno Marioni, el último artillero felino, quien ya echó raíces esperando le quiten una corona que ostenta desde 2004. Y a todo esto… ¿por qué la escuálida balanza del gol tiene tan desfavorecidos a los aztecas?

Francamente me gustaría tener una respuesta concreta, sin embargo, al tratar de buscar una alternativa viable, me encuentro con una serie de laberínticas contradicciones auriazules; las cuales, han llegado a enfatizarse bajo la presidencia de Rodrigo Ares de Parga. Un economista mezquino egresado del ITAM que llegó a barrer con los escombros de la identidad universitaria: desmantelando al equipo en todas sus líneas, deshaciéndose de jugadores emblema, mientras aseguraba que el club necesitaba una “renovación de fondo” que se daría con el apoyo de los jóvenes en la cantera.

Este parlanchín terminó por tragarse sus palabras en menos de un año, pues apenas tomó el cargo en Mayo de 2016 y vio desfilar sin pena ni gloria a Guillermo Vázquez, Juan Francisco Palencia y Sergio Egea; aunado al hecho de que el equipo cayó al fondo de la tabla sin jugadores como Darío Verón, Matías Britos o Gerardo Alcoba. Ante esta crisis de resultados, el tema de la cantera quedó en una ilusión y se vio obligado a reforzar al equipo con jugadores extranjeros traídos incluso desde los basureros de Europa.

Como si el tema de una cantera putrefacta no estuviera agotado, Parga y los suyos tuvieron la atinada decisión de fichar a Erick ‘Cubo’ Torres: un atacante sobrevalorado en las Chivas y quien terminó por salir al Cruz azul, equipo donde pasó de noche hasta huir a los reflectores en la infumable MLS, liga donde cumplió medianamente con el Houston Dynamo. No obstante, el tema no es el fichaje, sino la falta de materia prima en el seno universitario; el cual, desde hace años se ha visto incapaz de producir un sólo jugador de calidad, ya ni siquiera un romperredes heróico, sino un sinverguenza que tenga la gallardía para pintarle la cara a los adversarios.

Probablemente me toque gritar alguno de los goles del ‘Cubo’, pues no puedo ocultar mi pasión por el azul y oro, como tampoco puedo ocultar mi rabia por reconocer que hoy Pumas ya no es lo que era. Su cantera se ha convertido en un discurso desgastado por parte de sus directivos; los cuales, ya están mordiéndose los labios para repartirse la bolsa del próximo fichaje, mientras le dan la espalda a una camada de jóvenes aventados en un cráter que se ha convertido en la ‘casa club’ de cientos de jugadores extranjeros que a diario circulan por Avenida Aztecas para llegar a ella.