Caixinha fracasará con Cruz Azul y no será su culpa

   Manu Basile    06 Dic 2017


 
Esta película ya la hemos visto muchas veces durante las últimas dos décadas que la Máquina del Cruz Azul lleva sin conquistar una liga: fracaso en instancias de liguilla, incluso en una final, nuevo entrenador de “renombre”, limpieza de jugadores... y el resultado sigue siendo el mismo. La decepción para su cada vez menor número de aficionados. Las manos vacías. Nada.
 
El Director Técnico Portugués Pedro Caixinha tiene en apariencia todo lo necesario para sacar al Azul de la tumba en donde se encuentra: experiencia en la Liga Mexicana, un campeonato y trabajo en el fútbol internacional. Pero el problema del otrora orgulloso equipo va más allá: es una podredumbre que alcanza e infecta todos y cada uno de los rincones del equipo y que trasciende más allá de lo que pueden hacer entrenadores o jugadores.
 
Poco se puede esperar de un equipo que simplemente se ha vuelto una máquina de imprimir dinero para su directiva, encabezada por Guillermo “Billy” Álvarez, un tipo señalado ante las autoridades por los socios de la Cooperativa Cruz Azul por desviar 400 millones de dólares de la institución.
 
¿Qué pasó con ese dinero? Esa cifra, tan vasta, tan obscena, sería suficiente para armar un equipo del Top 5 de cualquier liga importante de Europa, ya no digamos de la Liga MX.
 
El Cruz Azul se volvió un verdadero negocio para quien o quienes tienen en su poder el control del equipo. Para la desgracia de su afición, este negocio no depende ni tiene nada que ver con que el equipo quede campeón de Liga o no. Eso está por demás. Aquí lo que importa es el dinero y punto.
 
Actualmente Cruz Azul es un equipo sin orgullo, sin identidad y sin estadio propio. Y la historia de la mano de Caixinha no podrá cambiar porque lo que tiene que cambiar es lo que está arriba. 
 
Mientras tanto, la triste, predecible y patética historia del Cruz Azul seguirá siendo, desgraciadamente, la misma de las últimas dos décadas. Y Caixinha, desgraciadamente, terminará como un chivo expiatorio, un títere de intereses oscuros que terminará con peor reputación que un político como Peña Nieto.